Nuestra Historia

El café colombiano merece ser eterno.

Esa convicción fue la que llevó a nuestro fundador a embarcarse en una búsqueda que pocos habrían sostenido: preservar la calidad, el sabor y la esencia del mejor café de Colombia en una tecnología que, para ese entonces, aún no existía en el país — la cápsula de café.

No fue un camino corto. Fueron 15.000 ensayos — quince mil intentos, ajustes y aprendizajes — hasta encontrar la fórmula exacta que permitiera que cada cápsula guardara intacto lo que la tierra colombiana tarda meses en cultivar.


El origen de un símbolo

En ese proceso de estudio profundo sobre el café, nuestro fundador descubrió algo que cambiaría la identidad de la marca para siempre: la altura de la tierra donde crece el café lo transforma todo — su sabor, su acidez, sus aromas, sus propiedades.

El café de altura es un café distinto. Un café superior.

Y ningún animal encarna mejor ese territorio que la cabra — habitante natural de las cumbres, de los terrenos escarpados donde pocos se aventuran. Pero hay algo más: fue precisamente una cabra, en las tierras altas de Etiopía, la que siglos atrás llevó a los campesinos a descubrir el café por primera vez. Monte Capra lleva su nombre como homenaje a ese momento fundacional de la historia del café en el mundo.


Monte Capra nació de la perseverancia, del rigor y del amor por un producto que Colombia le da al mundo. Cada cápsula es el resultado de miles de intentos y de una convicción que nunca cedió.